Para mi, la vida es siempre rica en experiencias algunas que traen como resultados sonrisas, otras reflexiones profundas y muchas de ellas dejan aprendizajes tatuados, de esos que queman la piel y el alma para nunca ser olvidados.
Yo nunca olvidaré tu mirada, normalmente perdida, confusa, tenía meses que era igual a causa de esa enfermedad que llevaba años borrando tus recuerdos, tu esencia. Me pregunto cuánto has de haber sufrido para que hayas decidido borrarlo todo.
Sabía que te quedaba poco en este mundo pero estaba segura de que me esperarías y cuando te dije que me iba, ni siquiera hubo necesidad de decirlo con palabras sólo te tome la mano y me miraste, a mí siempre me miraste, a pesar de que el resto del mundo te pareciera un sitio extraño, nunca dejaste de reconocerme. Ya no me hablabas, pero me mirabas; y esa vez tu mirada fue profunda, sostenida y lo dijo todo. Dicen que existe la comunicación verbal y la no verbal. Me pregunto cómo se llamará ese tipo de comunicación de almas. Después de algunos minutos de transmitirme tanto con tus ojos chispeantes, me sonreíste, te abracé y fue la última vez que te vi.
Fue una despedida y solo días después cuando de madrugada llegando a Sevilla sonó el teléfono de Marina, supe que te habías ido. Ella no tuvo que decirme nada, yo ya te sabía desprendida de tu cuerpo cansado. De momento ni siquiera lloré, te sentí tan cerca, tan viva. Sabía que ibas a estar bien y que nunca te irías de mi lado.